Rafa Berrio - Grupo Deriva

Blog de Rafa Berrio, grupo Deriva

sábado, diciembre 24, 2005

Auditorio de la Universidad. Donostia.

Jueves 15 de diciembre de 2005. Donostia.

Los estudiantes de la UPV pudieron ver la escena con extrañeza: A las dos de la tarde, en la cafetería-comedor de las facultades un chico menudo de pelo largo pasea sin descanso y con el semblante demudado, accionando nerviosamente su teléfono celular. La color se le va y se le viene. Por dentro la angustia y la sensación de desastre inminente. Le zumban los oídos. Tiene la boca seca. Después de una ingente cantidad de llamadas desesperadas y de atender otras tantas infructuosas, está a la espera de la llamada final:
-- ¿Hablo con Rafa Berrio? ...Ya nos disculparás pero ha ocurrido algo rarísimo. Arkaitz se ha dormido.(...) Si, si, dormido... ¡En las ociosas lanas! ¡Vamos con el equipo de sonido volando! ¡ En tres cuartos de hora estamos allí! ¡Y perdona, tío!

Es verdad que la situación se arregla, pero los síntomas físicos del frenesí y la tensión interior no se desvanecen. Alain Salas, mi ayudante esta tarde, y yo debemos continuar con el tinglado. No tendremos tiempo ni para comer. Aún debemos hacer el segundo viaje al local de ensayo, interrupido a mediodía ante el plantón de los chicos del sonido. Iñaki de Lucas se lo toma con estoicismo burlón. Los genios son así. La maquinaria se pone de nuevo en marcha con locura furiosa.
Alrededor de las cuatro y media aparecen, ajenos a todo, con un candor selvático, Igor y Antonio y un poco más tarde mi pianista Josetxo y mi niña bonita Ione. El retraso en el montaje de los trastos de amplificación es evidente pero los técnicos trabajan a destajo y con rigurosa eficiencia, quizá para lavar su culpa y su falta.
El gran escenario del Auditorio de la UPV se va completando en altura y profundidad. Aparecen Eneka, Clara y Ainhoa, que se van a ocupar de la parte audiovisual. Me mantengo alejado: sé que tienen problemas con los dvd,s pero no quiero cargar con más
responsabilidades. Finalmente de Lucas anuncia prueba de sonido.

En un abrir y cerrar de ojos estamos esperando “ya” al público tras el telón negro del escenario. En las escaleras de acceso técnico, en un improvisado camerino, el grupo Deriva al completo más algún acompañante, como el fotógrafo Oriol o José Luis Argomaniz, apuran sus últimas cruzcampo. Son las siete y media. Alguien viene diciendo que hay poca, muy poca gente. Pienso con ironía en lo que me dijo el poeta Pablo Casares acerca de los muchos seguidores que tengo en la sombra. Ione está malhumorada y tiene prisa por salir. La impaciencia forma parte de la juventud, sin embargo el equipo audiovisual que grabará y procesará en directo las imágenes aún trabaja en las últimas conexiones.
Salgo al escenario. Una pequeña ovación suena en la sala. Me doy cuenta de repente que he comido apenas un pincho de tortilla en todo el día. Espero que no me dé un desmayo. Mentalmente brindo el concierto a mi amigo Juan Velázquez, presentador de TV y profesor de Derecho que tuvo el empeño de que hiciéramos este recital y que logró convencer al responsable del auditorio de la Universidad, su colega Iñaki Heras. Miro hacia las butacas y pienso que la mitad de ellas sobran y que muy bien podían haberse quemado o destruído. Ainhoa con su belleza selenita de ultramundo me apunta con el objetivo de la cámara. Del lado de Cruz Larrañeta fulgura algún flash. Ya sin remedio, como quien se lanza al río pulso el acorde de sol y comenzamos “Corazón al revés”. ¡¡Qué pereza da todo a veces!!