Rafa Berrio - Grupo Deriva

Blog de Rafa Berrio, grupo Deriva

sábado, marzo 04, 2006

La Nave Ziriza

Es la mano (y no la mente) del pintor Carlos Inda
la que hace avanzar en esencia el pincel.
El lienzo es un simbólico pastel
del que apenas Carlos toma para sí la guinda.

En la pequeña plaza de General Artetxe empezó todo. Inda es del bar Ricardo a muerte, igual que yo; igual que tantos otros personajes estrafalarios del barrio de Gros. Es un artista y eso se ve venir de lejos: el pelo agreste y de caracolas, los ojos afilados muy vivos, la vestimenta de romántico bohemio, tocado de boina y pañuelo de seda al cuello, amabilísimo y de abrazo ceremonioso y fácil. Todo un personaje.
Fue hace meses; Me contó algo de una nave o un pabellón en Trintxerpe que estaban habilitando para instalaciones de arte y que quería hacer un concierto y no recuerdo que más. Ya se sabe cómo son los soñadores, y los delirios de los artistas con el hambre que pasan, y la absenta y la trementina y todo eso... Pero en fín, la cosa se cumplió. Se llevó a cabo nada menos. Lo siguiente es una llamada en mi móvil proviniente de Diego Vasallo. (Diego pertenece al grupo de pintores de Carlos Inda, que se completa, creo yo, con Alfredo Bikondoa. Todos ellos, en mayor o menor medida, trabajan una abstracción de influencias zen o quizá taoistas) Pues bien, Diego me comunica que el recital de Trintxerpe, efectivamente se va a realizar y que tengo que llamar a Beatriz, la responsable de cultura del ayuntamiento de Pasaia.
Beatriz, (familiarmente, Bea) tiene una voz por teléfono adorable y mira que es raro en una funcionaria. Tiene un timbre como de vajilla de Sèvres o de xilofón, y buena seguidora de bromas y veras. Acordamos sin problemas el día, la hora y nuestros honorarios. Me dice que el sonido lo pone la empresa de Josean Larrañaga “Urko” y que si queremos llevar nuestro técnico, pues adelante, y tal y cual.

Miércoles 1 de febrero, 2006.
He citado a los muchachos de Deriva en un café de Trintxerpe para ver el pabellón llamado Ziriza. Como hace tiempo que no nos vemos (desde el recital de Valencia) nos hemos demorado charlando y contándonos las novedades en torno a un vaso de tinto, -no así Antonio, que se abstiene incluso de mera agua del grifo-. De este modo no es raro que al llegar por fin a la nave nos la hayamos encontrado cerrada a cal y canto. No importa: lo más interesante de la noche ha sido nuestra conversación sobre Madrid y los planes de humo que hemos trazado para desembarcar en la Gran Via hacia primavera. Ya veremos.

Jueves 2 de febrero, 2006.
He quedado con Diego y con Carlos en el Lagar de la calle Zabaleta. A las siete y media de la tarde, recién abierto, es el bar más fresco del mundo, con su suelo negro bruñido y un olor como de primicias de vino blanco. El lugar perfecto para una cita. Llega Diego con su natural parsimonia, vestido con una elegancia de tonos grises desapercibida. Pide un tinto reserva. Carlos me propone una denominación de origen. No soy nada raro para el vino. Incluso casi que me gusta el corriente de a 40 céntimos, aunque puestos a elegir me quedo con el blanco Gewurztraminer que es peligrosamente dulce y afrutado y un aroma de mimosas en marzo. Sentados a la mesa, Carlos no para de hablar. Se trata de la exposición del Ziriza. Algo ha pasado en la organización del evento, pero su charla es oscura y no conozco a los actores de su relato. Diego parece más enterado y seguidor del hilo. Es gracioso ver cómo cada réplica o inciso de Diego se convierte en un intento frustrado, cortado en su inicio, arrollado siempre por el diluvio verbal de Carlos. Pero este pintor bohemio y apasionado es genio y figura y creo que Diego se lo perdona todo.
He propuesto ir a Jai-Alai, donde esta noche toca Nacho Vegas. Tengo dos invitaciones que me pasó Joshemari Huarte y de hecho he quedado con él y con Gemma en la puerta a las 21-30 horas, pero parece que Diego no se quiere liar y prefiere irse a casa temprano.
Me despido de la pareja en el bar Ricardo de General Artetxe y nos emplazamos al sábado 11 en el Ziriza.

Después del concierto me he entretenido hablando un poco con Forki y con el bilbaino Fernando Goienetxea, que hace de tour manager de Nacho Vegas. Le he recordado que el jefe de la SER en Bilbao, su amigo Carlos Arco, me prometió (sin pedirlo yo) una gala en el Botxo, y que esa promesa ha quedado en el olvido, y que ¡ay de mí! y otros ayes. Mientras me quejaba así, amargamente, alguien me ha tocado en el hombro a modo de saludo; no lo he reconocido al principio: se trata del director del departamento de música del flamante Fnac de Donosti. Hablé con él hace una semana para optar con mi disco a la sección “autoproducidos” de la macrotienda. Recién llegado de Madrid para dirigir el asunto, parece ya un guerrillero en territorio enemigo, en lucha abierta con las distribuidoras insurgentes nativas.
Bajamos Jai-Alai y Gemma propone tomar la espuela en el Txofre, que suponemos abierto aún a estas horas. Entramos, y... -¿quién te imaginas que está en la mesa del fondo? –me anuncia Gemma abriendo mucho los ojos-. Pues... Diego Vasallo, Carlos Inda, Txema Zabala, etc, etc, etc. La bohemia del barrio de Gros al completo. Todos en torno al prisma de una botella de tequila añejo gran reserva con sus platos de limones en rodaja. Yo, que vengo de refresco, compruebo sus efectos notables en los rostros cristalizados de esta gente alegre. Todos ellos están bañados sin saberlo por una luz como de acuario o peor aún, de pecera. La pulsión alcohólica me late en las sienes y ya me quiero unir a ellos con prisa por el tiempo perdido. La noche se alarga y se alarga. Creo que canté con fiereza “Cuesta abajo”, de Carlos Gardel.

Sábado 11 febrero 06.
Pianista, batería y bajista están descargando el material en el portón inmenso del Ziriza. Buscando sitio para mi coche, ya librado de bultos, descubro un poco la parte de atrás que descuida este edificio tan singular. Parece que se trata de una antigua bacaladera. Desde luego es una vieja nave industrial con sus altas cristaleras ya nada traslúcidas y sus paredones negruzcos y pringados de oxido. En la explanada se extienden otros tantos pabellones relacionados todos con la pesquería de Pasajes, construídos, supongo, en la época de prosperidad legendaria de este barrio de Trintxerpe. Ahora todo el polígono tiene ese aire tan sugerente de escenario abandonado y polvoriento. Grupos de cardos crecen en las ingles de las aceras. Una bolsa de Pryca rueda por el asfalto hinchada por el viento.
(17,30 h.) Han llegado Iñaki de Lucas y Virginia Pina, que esta noche cantará en vez de Ione. Su niño Pablo puede quedarse ya con sus abuelos y el concierto se da muy cerca de casa, por eso, cuando le ofrecí esta oportunidad de volver al escenario, Virginia aceptó sin dudarlo. Por otro lado le he quitado un peso de encima a Ione, que en los últimos meses, con su trabajo de tour manager, se ha convertido en una mujer de agenda rebosante y milimetrada.
Estamos esperando todos a que termine la prueba de sonido del grupo Los del Gas, que tocarán terceros y últimos. El