Rafa Berrio - Grupo Deriva

Blog de Rafa Berrio, grupo Deriva

miércoles, febrero 28, 2007

Libertad-8 y Sensorama Jazz

Jueves 25 enero 2007

La rutina es dulce. Y sin embargo el tiempo es otro. De nuevo el mismo tren de las 8:30 de la mañana que nos lleva hacia Madrid, pero esta vez en el peor fin de semana del año seguramente. Todo es nieve y ventisca por la geografía patria. Zumárraga da pavor y aunque la cosa mejora hacia Valladolid, de nuevo el horror blanco envuelve los campos de Avila, la sierra de Guadarrama y llega hasta casi las puertas de Madrid. Hemos llegado con hora y pico de retraso. Aquí sin embargo no hay nieve en absoluto. Debe de ser difícil que cuaje en la gran ciudad. No obstante sopla un aire cortante insidioso y tengo miedo por mi garganta y mi salud.

La misma pensión de la calle Valverde. Sin embargo la sorpresa de las obras. Están pintando los largos pasillos y una nube de polvo de aguaplast flota por encima de la patrona cuando abre la puerta. Tenemos un pequeño intercambio de palabras pero me asegura que todo se arreglará esta noche. Las habitaciones están limpias. No se ha atrevido a levantar los ojos cuando hemos salido, una vez instalados.
El mismo bar Cochifrito de debajo de la pensión. La tapa de cocido es generosa y admirable. Los mismos camareros con su coña castiza y la mirada de tunante que todo lo comprende. Me quedaría horas escuchando el florilegio acerado que se marcan con los clientes.

Igor con su cajón y su mochila de herrajes, Toni con el bajo y la bolsa de cables y yo con el viejo maletón que he comprado en los Emaús (que parece salido de alguna novela de posguerra española) nos vamos acercando a la calle Libertad. La prueba de sonido es temprana y al menos tendremos tiempo y tranquilidad.

El escenario del Libertad-8 es pequeño pero con un poco de imaginación, suficiente para los tres. Hay un piano contra la pared que quita bastante espacio pero esto forma parte de la sala. Acaso esté en desuso. Finalmente nos acomodamos sin problema. Yo he traído el pequeño Peavey de 15 watios que me regaló Shanti Ugarte allá por los años 80, y esto, unido a la Vox Tonelab, espero que suene con un poco de grano y pellizco. El patrón del bar, Julián, ha llegado a tiempo para hacer la prueba. No cabe duda de que aquí hay actuaciones diarias, pues todo suena perfectamente en un momento con cuatro directrices de control. El patrón es pura eficacia y tampoco Deriva requiere gran cosa.

En el preciso instante que terminamos han aparecido por la sala Alicia y su compañero Pejo. Mi querida amiga Alicia, (Malicia Cool) a la que conocí en San Sebastián allá por el año 1982, cuando ella y su hermana Susana eran las más modernas e interesantes de las chicas que uno pudiera conocer en la ciudad. Las medias rasgadas, el cabello de colores intensos, las minifaldas insolentes, las cadenas punks unidas a los abalorios más pop, y sobre todo una personalidad muy poco común y ciertamente abierta y cultivada. No en vano eran (y son) las hijas de alguien muy ilustre y relevante a la sazón en Donosti. Alicia cantó en mi grupo de juventud (UHF) haciendo coros junto a otra chica zaragozana, y poco después hizo su propio repertorio ayudada por Cheli Lanzagorta. Mi cajón de fotografías viejas está lleno de instantáneas de ella, siempre en medio, igual que yo, de alguna fiesta, de algún party alucinado. Hacia el año 84 Alicia se traslada a Madrid y ya nos perdemos la pista.

Veintidós años después nos volvemos a encontrar con un gran abrazo emocionado en la sala del Libertad-8, e incluso he recordado a su compañero Pejo, músico también de trayectoria, que ya por entonces le rondaba por San Sebastián. El encuentro lo celebramos en una jamonería cercana con unas tapas y unas cañas, esperando el momento del concierto y charlando sin pizca de melancolía del pasado. Lo cierto es que ninguno podemos comer apenas. Sin embargo Toni e Igor no se abstienen y hacen bien.
Regresamos al Libertad. En el lado del fondo están los cantautores Tontxu, Armando y Jesús Márquez. Nuevos abrazos cálidos. Tontxu se ha acordado de la fecha y ha venido expresamente para vernos. Es solemne y de mirada sostenida y penetrante. Armando está vestido igual que un rapero adolescente. Tiene los ojos bribones y la voz de filibustero.

Parece que hay algo de público en las mesas de la sala. Una grande llena de mujeres jóvenes, una pareja de chicas al fondo, algún solitario disperso, Alicia y Pejo, los cantautores... Es jueves y en la calle hace un frío que atemoriza. La hora del concierto es inminente. Me he pedido un vino dulce para salir al escenario. La pena es que no hay Oporto, que creo que es la bebida ideal sobre la tarima. Bueno, a veces, porque en ocasiones prefiero el gintónic, pero es más raro.


Viernes 26 enero 2007

Tenemos que ir a recoger los trastos de tocar al Libertad-8, que estará abierto para las cuatro y media, y salir con ellos en el tren de cercanías hacia Coslada. Hemos comido de menú en un restorán bastante decente aunque humilde después de dar una vuelta por Preciados hasta la plaza de Opera y Palacio Real. Por las calles congeladas vamos comentando la velada de ayer en el Libertad, sin grandes anécdotas, excepto el hermoso reencuentro con Alicia, la grata aparición inesperada de Eduardo, (el cuñado de Cruz Larrañeta) y su novia, mediado ya el concierto, y las luces y sombras de la peña de cantautores que se reunen en la sala todas las noches, o al menos siempre que hemos estado nosotros. Toni destaca la actitud positiva del patrón de la sala, Julián, y su ofrecimiento de puertas abiertas en el futuro. Y tiene razón porque el Templo de la Canción de Autor no es cualquier sitio. Siempre he conseguido lo que me he propuesto. Por suerte, no tengo grandes ambiciones.

En la misma línea de trenes del fatídico11-M, con sus dos pisos y su mezcla de razas y destinos, llegamos en 20 minutos a Coslada, en el centro del Corredor del Henares, en dirección a Guadalajara. En la estación nos espera Celia, la patrona del Sensorama Jazz Café, la sala donde tocaremos esta noche cumpliendo el programa de Artistas en Ruta, de la A.I.E. Asociación con la que estamos comprometidos para cuatro bolos, siendo este de Coslada el primero.

En un utilitario conducido por Celia lleno de papeles y cajas de todo tipo llegamos hasta el bar. He querido hacerme una idea de la población, pero no he visto “centro” por ningún lado. Sólo colinas y revueltas construídas de villas modestas y casas de apartamentos indiferentes. Algúna gasolinera y algún hipermercado en las explanadas. Sensorama está en una encrucijada ancha de avenidas vacías y sin comercio por donde corre el viento helado, pero tampoco podría explicar más. No sé dónde estamos ni de dónde venimos.

La sala está en un sótano escaleras abajo. Es amplia y agradable, con multitud de mesas y sillas de metal frente a un escenario muy profesional que recorre el fondo, y perpendicularmente, una barra en toda la longitud del local. Este mostrador termina en una cabina de control y Dj. Hay otro ámbito frente a las escaleras que da a los camerinos y a los baños públicos. En el momento que bajamos la sala huele intensamente a sándalo y está iluminada desde dentro de la barra con un azul profundo.

He pedido que apaguen los diez palitos de sándalo pues nada me molesta más que cualquier olor penetrante y superpuesto, esté considerado como bueno o no. Me impide fumar, beber, pensar y hasta accionar las manos. Ahora ya sí, el hijo de Celia, un jóven avispado, alegre y muy atento nos da la bienvenida y nosotros comenzamos a trabajar en el escenario.

Han aparecido, tal y como estaba anunciado, los dos chicos de la televisión del Henares. Quieren hacer un pequeño reportaje sobre el concierto de esta noche. Nos entrevistan frente a la cámara en un rincón de la sala y preguntan cosas también a Igor y Toni, que salen del paso con un tono grave y responsable, como si les fuera la reputación en ello. Hemos tocado cuatro piezas en “falso” para el programa, simulando un concierto real, cuando en realidad aún no había casi nadie en la sala. Esto nos ha servido para hacer prueba de sonido y precalentamiento. Lo raro es que cuando hemos terminado, yo he tenido la sensación de haber terminado “realmente” el concierto de la noche.

He subido a la calle un momento para cambiar de ambiente, pero las avenidas están vacías y desoladas. Ninguna luz en ninguna ventana. Ningún bar o cafetería por las cercanías. En la entrada he animado a dos chicas jóvenes que dudaban si bajar al concierto. Alguna mesa está ocupada por parejas de novios y algún que otro solitario. Un grupo de jóvenes varones se suma al aforo en la mesa del fondo. El hijo de la patrona me ha preparado un gin-fizz con todo cariño y vive dios que está de relamerse. No podemos seguir esperando. La noche va avanzando y hay que tocar y volver a Madrid en taxi.

Hay poca gente pero todos parecen muy receptivos y atentos. Ellos no saben lo que van a escuchar y yo estoy francamente perezoso de las canciones que toco. Esto promete.